Un día de estos volverá a llover…

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Un día de estos volverá a llover…

y a alguno de nuestros magnos e ineptos políticos erectará de placer, se le acabarán los problemas y volverá a ser la cigarra de siempre, a continuar con sus brindis al sol (nunca mejor dicho). Que jodido es dejar la política al azar de la climatología.

Porque llover, siempre vuelve a llover, puntualmente menos que antes me atrevo a pronosticar, tal vez por estar inmerso en un periodo de sequía puntual, o tal vez por los devastadores efectos del hombre sobre el clima.

Pero que nadie se preocupe, volverá a llover, y esa lluvia será como agua de Mayo para la Administración. Para los mismos que dicen NO a todo, los que hace cuatro años se opusieron al PHN, y al trasvase del Ebro, los mismos que ahora cuando el agua (en sentido figurado) les llega al cuello abogan por un mini trasvase del Segre. Los que en su día para contentar a una parte de su electorado progre y ecologista se opusieron al trasvase, eso sí, no fueron capaces de ofrecer alternativas. Los mismos que practican sistemáticamente el expolio de las aguas del Ter, los que utilizan dicha agua para abastecer Barcelona y su periferia sin respetar los caudales establecidos.

Los que no dejan regar a los payeses, invocando la solidaridad para llevar el agua para consumo doméstico, y para mantener el turismo en Barcelona, y el comercio, y la industria añado yo.

Los que ahora quieren multar al que riega el jardín, el que llena la piscina.

Y es que tenemos una cultura del agua de país nórdico, de la casa apareada con su jardín de césped, la de la piscinita en el jardín, la de la piscinita de plástico en el patio, la de la rotonda con un verde césped. Cultura del agua nórdica para un país que se muere de sed.

Y mientras aquí se multa, el Ebro se desborda.

Mientras se mantenga esta nefasta cultura del agua, cada año se repetirá el drama. Y cada año volverá a llover, aunque tal vez menos, o quizá lo mismo, pero esa misma agua habrá que repartirla entre más gente porque la población aumenta, y las infraestructuras siguen siendo las mismas.

Pero cualquier día de estos volverá a llover, y el político respirará aliviado, dejará de salir cada mañana al balcón para ver si se avistan nubes en el horizonte, entonces volverá a dedicarse a limitar la velocidad de los coches en Barcelona para disminuir la contaminación y otras memeces por el estilo.

Y cuando la situación no sea tan crítica, pospondremos las soluciones para el año que viene y nos dedicaremos a cantar como las cigarras, en vez de trabajar como la hormiguita.

A lo mejor sería bueno ir a otros lugares a robarles la lluvia.
Ladrones de lluvia

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