El huerto en casa

En estos tiempos de zozobra económica, de incertidumbre cara al futuro, de tiempos inflacionistas, en los cuales llenar el carro de la compra se antoja a veces para muchas familias una misión imposible, es cuando más valoro disponer de un pequeño huerto que nos surte de productos de primera necesidad tales como patatas, tomates, lechugas, pimientos, calabacines, berenjenas, judías, etc.
La generosidad de la tierra no tiene límites y la agricultura en formato familiar para el autoconsumo es un valor en alza.

Nada, me hacía gracia insertar mi primer vídeo.
Quizá en un futuro no muy lejano el hombre tenga que volver a sus orígenes para subsistir.

El día de la marmota en TV3

Que los programas de hoy en día en la televisión en su mayoría no son en riguroso directo es rigurosamente cierto, sobretodo si hablamos de programas tipo concursos, de esos que te meten uno cada día. Ya puede ser el concurso bueno o malo, eso es lo de menos, el programa acude presto y veloz a su cita diaria con el sufrido televidente.
No sé si serán todos, pero la inmensa mayoría los graban todos en una tarde para después emitirlos la semana siguiente. Cinco horas de duras grabaciones, para que no se vea tanto el cante, el presentador y los concursantes se suelen cambiar de ropa, de esta manera hacen creer al teleespectador que entre programa y programa pasa un día con sus correspondientes 24 horas.
Y el público? se preguntarán…indolentes ciudadanos (la mayoría jubilados), amas de casa, etc que meten en un autobús a cambio de un bocata de mortadela y una botellita de agua que les darán al llegar al plató de la grabación. Y ahí están los pobres, aguantando la disciplina militar del realizador, sin posibilidad de ir al baño, aplaudiendo como tontos a la orden del realizador y cambiándose de butaca cada hora, no sea que el televidente se dé cuenta que el gallinero permanece inalterable durante toda la semana.
De esta manera, un lunes por poner un ejemplo, llenan un autocar de vecinos del pueblo y se los llevan a torturarlos durante cinco o seis horas, el tiempo que durará la grabación de los cinco programas que emitirán durante la semana.
Y créanme, lo sé de buena tinta, por una ociosa vecina de mi señora madre, que entre sus metas debe estar el ser recordada y reconocida como fiel público de estos programas.
Hecha esta pequeña introducción paso a relatarles lo acontecido hoy 22 de abril de 2008 en el canal autonómico TV3 en torno a las 20.00.
Tiene mi hijo de cinco años la sana costumbre de mirar un concurso que emiten por “la nostra” titulado El Bocamoll, no les explicaré el contenido del mismo pues esto es lo de menos.
De esta manera, hoy, mientras preparaba la cena, mi hijo me ha dicho:
– Papa, este programa es el mismo de ayer, lo están repitiendo.
Yo he creído que se equivocaba, y ante su insistencia le he prestado más atención, del programa del lunes solo recordaba vagamente un apartado del programa referido a restaurantes con estrellas Michelín. Así que me he esperado a que llegar esta sección del concurso, y…
ante mis atónitos ojos he visto que se trataba del msimo programa, manda cojones que nos la metan envainada de esta manera.
Como pueden repetir el programa del día anterior y quedarse tan panchos?
Quien ha sido el inepto que se ha equivocado de copia?

Es esto lo que podemos esperar de nuestra querida TV3?
Ni siquiera una pequeña disculpa o aclaración.

Ojo, que si mañana vuelvo a publicar la misma entrada querrá decir que el equivocado soy yo, y estoy viviendo mi particular Día de la Marmota.

Efectos colaterales de paternidad. Chapter IV

Una de las nuevas tareas que me he autoimpuesto en esta nueva etapa blogueril (que no borreguil) es postear por lo menos una vez a la semana. Ignoro si podré mantener esta disciplina espartana durante mucho tiempo, pero concédanme el beneficio de la duda. Es más, para ser sinceros, en este momento no tengo ni puñetera idea de lo que va a ir este post.

Voz en off: Dícese del recurso fácil que emplea todo mal bloguero para intentar dar lástima a los pocos valientes que le leen y de esta manera no sean muy duros en las críticas al lamentable post que está a punto de escribir.

Intentaré plasmar alguna de las experiencias personales que uno vive en el día a día. Pequeñas experiencias relacionadas con el noble y duro oficio de la paternidad.

Hace algunos días empecé la fenomenal serie Efectos colaterales de la paternidad (curioso, desde que escribí tan magno post, no hago más que ir a cumpleaños infantiles los fines de semana, hasta los cojones oigan) serie que me dispongo a continuar en este post.
Esta tarde he ido al parque con los niños, cuando uno es padre debe pasar interminables horas en el parque mientras sus retoños juegan con sus amiguitos. Debería saber el lector que el parque se convierte en un lugar de encuentro de numerosos padres y madres, allí unos aprovechan para charlar, otros para comer pipas, los más para criticar, unos pocos para vacilar, etc, y ojo, que como te descuides puede que algún padre intente ligar con tu mujer.
Por alguna extraña razón que desconozco, jamás, y vuelvo a repetir jamás, tu hijo tendrá una amiguito/a del cole cuya madre esté buenorra y disponible con la cual intentar entablar conversación y lo que salga con ella. Siempre he tenido ganas de decirle a una bella madre desconsolada:
Ahora entiendo porque el niño/a es tan guapo, teniendo una madre como tú…
No, los amiguitos del cole de nuestros hijos suelen tener unos padres raros, que nos suelen caer como una patada en los cojones, con los que no tenemos ningún tipo de afinidad, los típicos plastas, los típicos antipáticos, etc. Por este motivo ir al parque con los niños se convierte en un pequeño peaje que pagar en aras de una sociabilidad mal entendida.

Dicho todo esto, reconozco que soy un tipo educado en las distancias largas, pero tremendamente asocial en las distancias cortas. Por eso, cuando me toca guardia de parque suelo mantenerme en un discreto segundo plano, intentando pasar inadvertido ante la chusma que me rodea. Que a nadie se le ocurra acercarse al corrillo de mujeres indolentes, que no dan un palo al agua y que se pasan todo el día cascando, a mi un día se me ocurrió acercarme y entablar una educada conversación y fui acribillado a preguntas indiscretas y fuera de lugar.

Provisiones para la merienda hay que llevar las justas, si un día se te ocurre hacer ostentación de cantidad y repartir entre los críos, a partir de ese día te convertirás en el repartidor de avituallamiento infantil para todos los críos, es decir en el gilipollas de turno, al memo al que se acercarán los niños a pedirle galletas, zumos, etc.

Ojo con los juguetes que llevas al parque, los indispensables para que jueguen tus hijos. Debes saber que el llevar muchos juguetes y hacer ostentación de ellos sólo te creará dolores de cabeza. Deberás recogerlos a la hora de partir, buscarlos por todo el parque, sonreir para que te los devuelvan, en resumidas cuentas hacer el pelele. Deberás vigilar que no te rapiñen alguna pala o algún rastrillo. Deberás evitar que por culpa de haber dejado algún juguete se demore tu vuelta a casa. Está comúnmente aceptado entre los demás padres, que si vas de buen rollo a pedirle al niño que te devuelva el puto cubo, te tirarás quince minutos detrás de él, mientras el vivales de su padre o de su madre no hace nada para evitarlo, a menos que utilices la fuerza.
Tampoco quieras ser el listillo que juega con todos a pelota, los críos te creerán el Messi de turno y te darán tal cantidad de patadas…
Ni se te ocurra decirle sí, al típico padre que te pide que se lo vigiles durante unos minutos, que sepas que esos minutos se harán interminables.

Para tales menesteres se hace inevitable acudir al parque con móvil (si te agobian mucho, el truco de la llamada da resultado para apartarte unos metros y cortar el rollo), si se habla de política decir que eres del PP (te suelen mirar con caras raras y hasta apiadarse de tus hijos), si se habla de fútbol decir que eres del Madrid (se hace el silencio y suelen decir que no se lo hubieran imaginado nunca). Ojo, que esto de la política y el fútbol va por barrios. De esta manera, sabiendo que no coincides en sus preferencias políticas y futboleras te dejarán en paz.

Y sobretodo, huye de padres solitarios como tú que se acerquen a entablar conversación contigo, estos son los psicópatas del parque, te darán la vara durante mucho rato, y al final te preguntarán a que hora volverás al día siguiente, como sino hubiera nadie más en el puto parque.

Espero que les haya servido de ayuda, y recuerden, que al oscurecer cuando los niños se recogen y se van a sus casas, otro moradores se apoderan de este espacio lúdico que son los parques infantiles:

Los perros y sus excrementos.

Recuérdenlo y miren bien donde pisan al día siguiente.

La memoria traicionera


Al leer esta noticia, he recordado la vez que me perdí. Es uno de esos recuerdos que permanecen imborrables en mi mente, y hasta creo que con el paso de los años se hace más nítido. Quizá algún día pueda llegar a recordar ciertas lagunas de tiempo que no consigo recordar.
Es uno de los recuerdos más antiguos que tengo. Contaba por aquel entonces la tierna edad de tres añitos y medio.
Era verano, como cada domingo mis padres me llevaron a la playa, solíamos ir con bastante más gente, ya se sabe, vecinos, familiares, etc. La típica escena familiar de la mesa, las sillas, las sombrillas, la nevera, etc y a pasar todo el día en la playa. No me entusiasmaba en demasía bañarme en el mar, por lo que me colocaba cerca de la orilla jugando con un cubo y una pala.
Aquel domingo hice lo de siempre, me puse a jugar con el cubo y la pala. Llevaba un largo rato jugando cuando quise volver hacia donde estaban mis padres. Sorpresa, no les veía por ningún lado. Empecé a andar por la orilla en su busca, aunque realmente lo único que hacía era separarme más y más. De mis ojos no brotó ninguna lágrima, no recuerdo haber llorado. Al no encontrarlos decidí cambiar de estrategia, sería más fácil localizar el coche de mis padres (un Seat 600 de color rojo).
De esta manera enfilé hacia donde creía que estaba aparcado el coche en cuestión, y aquí viene lo sorprendente del caso. Para llegar al aparcamiento tuve que cruzar la vía del tren (temerosa acción). Una vez la cruzada la vía empecé a andar por el aparcamiento aunque de manera infructuosa. A partir de éste momento, los recuerdos son confusos, una mujer rubia que me hablaba en una lengua extraña, un hotel donde me dejó, y la Guardia Civil con mis padres entrando a recogerme. El recepcionista del hotel me encontró en la puerta del hotel, que por cierto estaba a unos 300 metros de la playa, me encontró solo.
Lo curioso del caso es que al recordarlo tengo la impresión de haber estado desaparecido como mucho un par de horas, cuando realmente estuve desaparecido seis horas.
Durante ese tiempo mis padres temieron lo peor: que me hubiera ahogado.
Quizá, algún día pueda saber realmente que pasó en ese lapsus de tiempo que no consigo recordar.
Fui abducido por extraterrestres?
Me quedé dormido en el regazo de aquella hermosa dama?
O, al final me puse a llorar como un mocoso, me dormí exhausto de tanto llorar, me recogió una mujer extranjera y me dejó en el hotel?

Me quedo con la versión más poética y hermosa, un ángel con el cabello rubio me salvó. Mi ángel de la guarda.
Pero, cual es el sexo de los ángeles se pregunta la gente.
Sin lugar a dudas, femenino.

Hipocondríaco


Nunca me han operado.
Nunca me he roto nada.
Nunca me han ingresado en ningún hospital.
Casi nunca tomo medicamentos.
No recuerdo haber estado de baja.
No recuerdo la última vez que tuve fiebre.
Casi nunca voy al médico.

Hace seis meses se me ocurrió ir al médico de familia (inepto entre ineptos, y gran dispensador de medicamentos), tenía unas leves molestias. El inepto, haciendo gala de su ineptitud me envió al especialista, no sin antes recetarme varias cosas que obviamente no me tomé. Esto fue en abril, el otro día (cinco meses después, viva la sanidad española y sus listas de espera), fui al especialista en cuestión.
Dudé en ir o no, porque he mejorado de mis molestias. Al final, a regañadientes fui.
Le expuse el caso, me dijo que me tenían que hacer alguna prueba. Le comenté que adelante con la prueba (joder, pensaba que sería de aquí seis meses por lo menos).
Es la semana que viene, supongo que no será nada, pero estoy preocupado. Es lo malo de ser un tipo hipocondríaco.

Si tardo mucho en volver a aparecer…

La vuelta al cole

Tras el macropuente en el que hemos podido apurar los últimos días de vacaciones de los niños, volvemos a estar operativos.
Hoy es un día grande para los padres, día de contrastes. Esta mañana en la puerta del cole se mezclaban los sentimientos de alegría paternos con la tristeza con la que los niños afrontaban su primer día de cole. Hoy los llantos parecían música celestial en mis atormentados oídos. Después de tres meses de vacaciones escolares las cosas vuelven poco a poco a la normalidad, a la rutina diaria. Que descanso, no tener que pensar a quien endosarle al niño, no tener que abusar de la generosidad obligada de la familia.
Todo vuelve a la normalidad, eso sí, previo atraco a mano armada en la compra de los libros. Increíble como pueden resultar tan caros, a este paso resultaría más práctico y barato comprarles un portátil y que editaran los libros online. Lo malo de Septiembre, es que al precio de los libros debes añadir el servicio de comedor, las actividades extreaescolares, el material, etc, y eso es mucho pagar, sobretodo cuando tienes la cuenta corriente a 0 € después de pagar las vacaciones estivales.
Pero no me quejo, lo superaremos. Es un lujo vivir en un país de la zona Champions en materia económica (Zapatero dixit), aunque por desgracia en materia educativa debemos estar luchando por no descender a regional.
Se me olvidaba, que hago con la niña?
Porque al niño si que lo llevo a la escuela pública, pero para la niña, ¿ existen las guarderías públicas?
NO.
Menos 2500 € y más políticas de conciliación de la vida laboral con la familiar. Que duro y difícil es ser padre en el año 2007. Y que fácil es hacer demagogia política en el 2007.

Un viejo caserón


Un viejo caserón, intuyo por el aspecto exterior de finales del XVI o principios del XVII. Sobrio, sencillo, sin lujos. Mobiliario que destila rancio clasicismo. Situado en medio de la nada, rodeado de campos y naturaleza. Amplios jardines y generosas habitaciones. Con la posibilidad de practicar deportes fluviales, rodeado de bellos pueblos donde el tiempo pareció detenerse hace siglos, impregnados de aromas medievales. Cerca de una de esas poblaciones que han pasado del anonimato a la popularidad por una mera cuestión de narices: Bergerac.
Después de mucho buscar por fin hemos encontrado algo que se amolda a nuestro bolsillo y a nuestras necesidades. Uno va quemando etapas al planificar las vacaciones estivales. Atrás quedan aquellas vacaciones con los amigos en las que primaba el ocio y la cacería nocturna, en las cuales carecía de sentido el desayuno.
Después, cuando uno intenta sentar la cabeza, las vacaciones en pareja buscando relax playero o pateándose las calles de cualquier ciudad en aras de enriquecernos culturalmente.
Ahora priman las vacaciones familiares, bueno, bonito y barato. Y que mejor que perderse en un viejo caserón del sur de Francia con 3000 metros cuadrados de jardín para que los niños corran y jueguen, buen vino, buenos quesos, buenos foie, buen magret d´ànec, buena sidra y lo más importante: buena compañía.
Alguien da más por 500 € a la semana a dividir entre tres familias?
Umm, lo veo demasiado barato, habrá alguna sorpresa en el viejo caserón?
Habrán retocado las fotos con el photoshop, y lo que parece un viejo caserón, será en realidad un caserón destartalado?
Espero que a los amables caseros les encanten los niños, porque creo que van a quedar bastante hartos de niños.
Me encanta Francia, pese a los franceses.
Me encantan las francesas, pese a su pésimo gusto a la hora de vestir.