Efectos colaterales de paternidad. Chapter IV

Una de las nuevas tareas que me he autoimpuesto en esta nueva etapa blogueril (que no borreguil) es postear por lo menos una vez a la semana. Ignoro si podré mantener esta disciplina espartana durante mucho tiempo, pero concédanme el beneficio de la duda. Es más, para ser sinceros, en este momento no tengo ni puñetera idea de lo que va a ir este post.

Voz en off: Dícese del recurso fácil que emplea todo mal bloguero para intentar dar lástima a los pocos valientes que le leen y de esta manera no sean muy duros en las críticas al lamentable post que está a punto de escribir.

Intentaré plasmar alguna de las experiencias personales que uno vive en el día a día. Pequeñas experiencias relacionadas con el noble y duro oficio de la paternidad.

Hace algunos días empecé la fenomenal serie Efectos colaterales de la paternidad (curioso, desde que escribí tan magno post, no hago más que ir a cumpleaños infantiles los fines de semana, hasta los cojones oigan) serie que me dispongo a continuar en este post.
Esta tarde he ido al parque con los niños, cuando uno es padre debe pasar interminables horas en el parque mientras sus retoños juegan con sus amiguitos. Debería saber el lector que el parque se convierte en un lugar de encuentro de numerosos padres y madres, allí unos aprovechan para charlar, otros para comer pipas, los más para criticar, unos pocos para vacilar, etc, y ojo, que como te descuides puede que algún padre intente ligar con tu mujer.
Por alguna extraña razón que desconozco, jamás, y vuelvo a repetir jamás, tu hijo tendrá una amiguito/a del cole cuya madre esté buenorra y disponible con la cual intentar entablar conversación y lo que salga con ella. Siempre he tenido ganas de decirle a una bella madre desconsolada:
Ahora entiendo porque el niño/a es tan guapo, teniendo una madre como tú…
No, los amiguitos del cole de nuestros hijos suelen tener unos padres raros, que nos suelen caer como una patada en los cojones, con los que no tenemos ningún tipo de afinidad, los típicos plastas, los típicos antipáticos, etc. Por este motivo ir al parque con los niños se convierte en un pequeño peaje que pagar en aras de una sociabilidad mal entendida.

Dicho todo esto, reconozco que soy un tipo educado en las distancias largas, pero tremendamente asocial en las distancias cortas. Por eso, cuando me toca guardia de parque suelo mantenerme en un discreto segundo plano, intentando pasar inadvertido ante la chusma que me rodea. Que a nadie se le ocurra acercarse al corrillo de mujeres indolentes, que no dan un palo al agua y que se pasan todo el día cascando, a mi un día se me ocurrió acercarme y entablar una educada conversación y fui acribillado a preguntas indiscretas y fuera de lugar.

Provisiones para la merienda hay que llevar las justas, si un día se te ocurre hacer ostentación de cantidad y repartir entre los críos, a partir de ese día te convertirás en el repartidor de avituallamiento infantil para todos los críos, es decir en el gilipollas de turno, al memo al que se acercarán los niños a pedirle galletas, zumos, etc.

Ojo con los juguetes que llevas al parque, los indispensables para que jueguen tus hijos. Debes saber que el llevar muchos juguetes y hacer ostentación de ellos sólo te creará dolores de cabeza. Deberás recogerlos a la hora de partir, buscarlos por todo el parque, sonreir para que te los devuelvan, en resumidas cuentas hacer el pelele. Deberás vigilar que no te rapiñen alguna pala o algún rastrillo. Deberás evitar que por culpa de haber dejado algún juguete se demore tu vuelta a casa. Está comúnmente aceptado entre los demás padres, que si vas de buen rollo a pedirle al niño que te devuelva el puto cubo, te tirarás quince minutos detrás de él, mientras el vivales de su padre o de su madre no hace nada para evitarlo, a menos que utilices la fuerza.
Tampoco quieras ser el listillo que juega con todos a pelota, los críos te creerán el Messi de turno y te darán tal cantidad de patadas…
Ni se te ocurra decirle sí, al típico padre que te pide que se lo vigiles durante unos minutos, que sepas que esos minutos se harán interminables.

Para tales menesteres se hace inevitable acudir al parque con móvil (si te agobian mucho, el truco de la llamada da resultado para apartarte unos metros y cortar el rollo), si se habla de política decir que eres del PP (te suelen mirar con caras raras y hasta apiadarse de tus hijos), si se habla de fútbol decir que eres del Madrid (se hace el silencio y suelen decir que no se lo hubieran imaginado nunca). Ojo, que esto de la política y el fútbol va por barrios. De esta manera, sabiendo que no coincides en sus preferencias políticas y futboleras te dejarán en paz.

Y sobretodo, huye de padres solitarios como tú que se acerquen a entablar conversación contigo, estos son los psicópatas del parque, te darán la vara durante mucho rato, y al final te preguntarán a que hora volverás al día siguiente, como sino hubiera nadie más en el puto parque.

Espero que les haya servido de ayuda, y recuerden, que al oscurecer cuando los niños se recogen y se van a sus casas, otro moradores se apoderan de este espacio lúdico que son los parques infantiles:

Los perros y sus excrementos.

Recuérdenlo y miren bien donde pisan al día siguiente.

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