Sobre encuestas y otros mitos telefónicos

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Estamos en campaña preelectoral, y como es bien sabido, durante los meses previos a la contienda afloran por doquier encuestas sobre la intención de voto, sobre el político más bien valorado, etc y otras mierdas varias. Cada periódico que se precie las publica, por regla general el domingo, que es el día que más prensa se lee en este país. Es una regla general la publicación de encuestas, aunque no es menos cierto que nunca aciertan nada y de hecho son bastante prescindibles por su efecto nocivo para la salud del lector.
Pero, si bien no es un tema menor el índice de aciertos versus errores de dichas estadísticas, no es el tema que más me preocupa en estos momentos. A mi lo que realmente me preocupa es a quien cojones le preguntan para realizar estas encuestas. Porque a um servidor, que lleva ya muchos años al pie del cañón jamás en su vida le han llamado por teléfono para hacerle una encuesta de ningún tipo. Y no es un tema baladí, porque de línea telefónica dispongo (que es esencial para realizar la encuesta), y ganas no me faltan de contestar al cuestionario en cuestión. No sé, se trata de unos de los Expedientes X dignos de ser tratado por el mismísmo Iker Jiménez en su aburrido y fútil programa dominical.
En cambio, y cambiando de tercio aunque sin dejar el tema telefónico, mi número debe ser el primero de la lista a la hora de recibir llamadas de teleoperadores ofreciendo productos mil, tales como una alfombra, una tarjeta de crédito, un colchón, cambio de operador telefónico, etc, etc, la lista podría ser interminable.
Y es que además los cabrones/as tienen un don, el de la oportunidad, te llaman por teléfono cuando estás enfrascado en tareas más importantes y necesarias. Ahora te suelen llamar desde un teléfono privado u oculto para evitar que veas la procedencia de la llamada. No tienen perdón de Dios.
Y ojo, no trates de ser educado con ellos, si te ven venir con piel de cordero te destrozan cual buitres carroñeros. Por eso, mal que me pese, me suelo mostrar excesivamente violento con ellos, ojo sólo de palabra.
Eso era hasta hace poco, por suerte, la casualidad llamó a mi puerta en forma de filtro telefónico. Cierto día, mientras estaba dándole el biberón a mi hija sonó el teléfono. Como lo tenía lejos le pedí a mi hijo que me lo trajera. Viendo su tardanza fui a su encuentro y allí estaba él hablando por teléfono, intrigado puse el manos libres y escuché atónito como una señorita intentaba explicarle que se pusiera su padre al teléfono. Mi hijo, en cambio le pregunataba a ella como se lllamaba, donde trabajaba, donde vivía, etc. Al final la pobre teleoperadora cansada de escuchar a mi hijo colgó.
Ahora mi hijo de cuatro años (previo aleccionamiento paterno) es el telefonista oficial de la casa, cuando vemos que llama un número raro le mandamos que coja el teléfono y atienda la llamada, ponemos el manos libres y a reirnos un ratito.
Je, je, es increíble la paciencia que tienen algunos teleoperadores y lo que llegan a insistir, suerte de mi filtro antioperadores de telemarketing.
Ya lo sabeis, no volvais a llamar a mi casa teleoperadores, de lo contrario, os las vereis con mi hijo.

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