Elecciones municipales


Me levanto por la mañana, salgo hacia el trabajo, lo primero que veo al salir a la calle es un cartelón de 80 x 60 cm, con la cara de un garrulo, algo alopécico, luciendo mostacho y con un ligero deje amuñozado. Intuyo que se trata de un vecino, vagamente creo saber de quien se trata, se presenta para alcalde. No me gusta su cara, no me da confianza, representa a un partido generalista. Después de dos segundos de duda, decido que no le votaré.
A veces la política es cuestión de reflexiones a primera vista.
Mediodía, llego a mi casa a comer. Miro el inbox de mi domicilio. Veo que han traído la revista municipal, esa que pagamos entre todos. Bestial, el escriba del ayuntamiento se ha lucido, parece cual trobador medieval loando las gestas del tronco del alcalde. Una práctica de onanismo consistorial sin precedentes, rozando la pornografía política. En sus páginas interiores, a todo color, las cuatro cosillas que han realizado en los últimos cuatro años, banalidades. Obviamente, se han obviado (valga la rebundancia), las promesas incumplidas (siempre achacables a administraciones superiores o falta de presupuesto), y también se ha obviado el tema del crecimiento desmesurado del municipio y los problemas que comporta. Cada vez me cuesta más aparcar, el Centro de Atención Primaria a veces se colapsa, la escuela pública va al límite, y la inseguridad ciudadana crece a ritmo exponencial al de la construcción. Evidentemente no le daré mi voto al actual alcalde, tampoco se lo di hace cuatro años.
A veces la política es cuestión de memoria.
Atardecer. Salgo del trabajo, me voy a tomar una cervecita, uno de los pequeños placeres de los que aún disfruto. Absorto en mis pensamientos, en la barra del bar, alguien me golpea la espalda:
– Coño Paradox, que tal, cuanto tiempo.
– Hombre Juanito, que raro verte por aquí.
– Pués sí, pero es que estoy en campaña, me presento para alcalde en una de estas agrupaciones independientes y tal. La próxima semana hacemos un míting, pásate, habrá pisco labis.
– Ostias, que sorpresa que te presentes para alcalde, cabronazo. Pues mira, cuenta con mi voto.
– Gracias, pero pásate y así te explicaremos el programa.
– No, tranquilo, el programa me da igual, lo único que me vale es que tu te presentes. Toma mi voto como una pequeña inversión, de la que espero sacar algún interés en el futuro. Nunca se sabe lo que puedes necesitar, pero siempre es bueno tener a un viejo amigo metido en política municipal.

Que bonito y valioso es tener amigos en la política.

A veces la política es cuestión de amigos.

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